Severas Fijaciones
Presidentes IgualesQuienes le conocemos podemos afirmar, sin género de duda, que el senador Manlio Fabio Beltrones, ex gobernador de Sonora -lo era cuando su paisano Luis Donaldo Colosio fue acribillado en Lomas Taurinas en 1994 y guardó para él algunos de los secretos claves sobre el asesino material, Mario Aburto Martínez-, es quien mejor conoce los vericuetos del sistema político mexicano entre quienes han expresado, abiertamente, sus propósitos recompetir por alguna de las candidaturas presidenciales. Para algunos éste es su defecto mayor porque lo observan como una especie de reserva de las viejas mafias; para otros, en cambio, es su virtud más acendrada puesto que sólo con informaciones y controles suficientes parece factible superar el escollo tremendo que nos separa de una perspectiva si no pacífica cuando menos tolerable.
El hombre que formó a Manlio, el veracruzano Fernando Gutiérrez Barrios, muerto en 2000 cuando faltaban solo unas semanas para la asunción presidencial de Vicente Fox -otro tanto sucedió con el gran ideólogo del panismo moderno, el yucateco Carlos Castillo Peraza-, solía repetir sobre Carlos Salinas que a éste únicamente lo equilibraba mentalmente el ejercicio del poder. De esta sentencia hicimos el símil con el mayor adversario ideológico del ex presidente, fundador de MORENA, según llama ahora a su grupo, siempre variante, Andrés Manuel López Obrador. Uno y otro se parecen igualmente en su alto nivel de intolerancia ante quienes les cuestionan y en su afán por no delegar funciones por desconfiar de cuanto se mueve, incluso muy cerca de cada uno de ellos.
Lo anterior confirma la tesis de que, en nuestro país cuando menos, los grandes antagonistas parecen espejos unos de otros porque, en el fondo, persiguen las mismas ambiciones sobre líneas paralelas aun cuando entre ellos los criterios sobre la autoridad moral sean distintos. Esto es: si bien semejantes, no podemos comparar los saldos de Salinas con los de López Obrador quien fue afrentado, sin duda, por una elección fraudulenta mientras el primero se benefició de lo contrario: de la usurpación del poder tras los comicios escandalosos de 1988. Pero a cuanto carácter y métodos operativos, incluyendo desplantes, los símiles son indiscutibles.
Y acaso por lo anterior, no hay vendettas mayores, ni más peligrosas, que cuantas devienen de las supuestas amistades, fracturadas las lealtades por efecto de la egolatría acumulada o de las ansias por alcanzar el poder. Recientemente hemos atestiguado los casos de Elba Esther Gordillo y Miguel Ángel Yunes Linares, interrelacionados por más de un motivo durante varios años, los suficientes para que Yunes caminara por su cuenta en el ámbito nacional después de corromper, en Veracruz, al ahora ermitaño Patricio Chirinos Calero, quien, como no quería ser gobernador, dejó a Miguel Ángel hacer cuanto le dio la gana, enriqueciéndose en primera instancia, sin que hasta ahora indagatoria alguna le haya comprometido. Un caso parecido al del extinto cacique yucateco, Víctor Cervera, jamás perseguido judicialmente pese a las pruebas irrefutables sobre sus conexiones non santas, entre ellas haber resguardado, durante más de un año, al ex gobernador quintanarroense Mario Villanueva Madrid, éste sí acusado por sus nexos con el cártel de Juárez.
Suelen los políticos mexicanos, además, interpretar sus propias virtudes como personajes públicos por cuanto sean capaces de atraerse a los enemigos a costa de los amigos. Ésta es otra clave para entender a nuestro singular sistema.
Debate
Sin duda, Manlio Fabio Beltrones ha enfrentado, a través de su larga y azarosa carrera por los entretelones del poder, a dos adversarios bastante superiores a las coyunturas de cada época: Manuel Camacho Solís, con quien amplió enemistades tras el asesinato de Colosio entrecruzándose acusaciones, las más de ellas viscerales; y Elba Esther Gordillo, la poderosa maestra que mantiene influencia sobre el gremio magisterial como la muestra más palpable de la supervivencia del corporativismo... que ahora ella rechaza, cuando menos de palabra.
Y fíjense lo que son las cosas: en este momento, Manlio comienza a sufrir una mutación personal que le acerca al espejo para verse reflejado con las características de sus formidables antagonistas, sendos supervivientes, como él, del viejo régimen y, sin duda, consolidados bajo el manto sagrado del salinismo y cuanto devino de éste. No se olvide que fue Camacho quien impulsó y fortificó a la ambiciosa chiapaneca Elba Esther, contra el criterio del "hombre leyenda, Fernando Gutiérrez Barrios, quien desde la Secretaría de Gobernación observó, muchas veces, cómo las alianzas generacionales, las de su jefe Salinas por supuesto, rebasaban sus criterios fundamentados en un conocimiento profundo de la realidad política del país. Por eso acabó por irse cuando comenzó a rumorarse que él había encendido la hoguera del EZLN, reclamo que finalmente le hizo él al señor Salinas sin que éste se hubiese atrevido a ir a más.
Pues bien, en días recientes, Manlio cuestionó al "tapado" y a la "cargada" en relación con los grupos que apoyan al mexiquense Enrique Peña Nieto; y no lo hizo cuando los secretarios de Estado panistas comenzaron la misma andadura. El golpe fue seco y cayó mal en el centro de mando peñista. Y no fueron pocos quienes recordaron la actitud de Elba Esther en 2006 cuando, por sus dislates con Roberto Madrazo, fracturó al PRI. Y otros pensaron en las rabietas de Manuel Camacho, quien dejó la Cancillería, cuando comprendió que la candidatura presidencial, en 1994, no era para él sino para Colosio. Pataletas, si se quiere, muy parecidas a las de Beltrones quien mantiene el fuego que le habilita como presunto a costa de desarrollar el rumor de una alternativa para dos perspectivas: una crisis extrema en el país o la imposibilidad de que Peña sea el abanderado por causas semejantes a las de 1994 cuando fue obligado designar a un sucedáneo... que tampoco fue Camacho.
Manlio, quien tiene excelente memoria, bien haría en repasar los hechos infortunados por los que el PRI acabó por perder su hegemonía en 2000 y terminó en tercer lugar en 2006.
La Anécdota
¿Y los panistas a quiénes se parecen? Lo digo porque en España hay quienes señalan al veterano derechista José María Aznar, ex presidente del gobierno español, como la simbiosis perfecta entre Adolfo Hitler... y Charles Chaplin, hasta en el físico cabría agregar.
Pues bien Fox, por su frivolidad y su entorno femenino, es copia de López Portillo, y por su locuacidad irrefrenable de Luís Echeverría.
Y Felipe Calderón, para abrir la polémica, es como el filtro de dos de sus antecesores: Miguel de la Madrid, por la oscuridad que ocultaba su verdadero rostro, y Ernesto Zedillo, su personaje inolvidable a quien promueve y protege siguiendo cada uno de sus lineamientos. Bueno es saberlo para no caer en las habituales manipulaciones de campaña. Abundaremos.
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