Llegaron a enlistarse hasta 11 miembros del PAN como aspirantes a la candidatura presidencial del año próximo. El número, a todas luces abultado exprofeso, ha ido reduciéndose hasta menos de la mitad. Tras reuniones con el presidente Calderón, jefe de varios de ellos, y con el dirigente nacional Gustavo Madero, la nómina quedó este fin de semana compuesta por cinco presidenciables. Dos de ellos se retiraron, reconociendo sus escasas posibilidades de ganar la candidatura. Lo hizo cada quien según su talante: Javier Lozano Alarcón, secretario del Trabajo, leyó su declinación ante los medios y en presencia de Madero, pues su protagonismo es tal que desearía ser el bebé del bautizo, el novio de la boda y el muerto del entierro. En cambio, discretamente Heriberto Félix, secretario de Desarrollo Social, hizo mutis mediante una carta enviada al líder panista, que se difundió a través de las redes sociales.
Cada uno de ellos aparecía en los últimos lugares de conocimiento y preferencia según las encuestas electorales que miden las inclinaciones de los panistas. Su ubicación era más tenue todavía si los interrogados eran ciudadanos en general. Pero eso lo sabían desde hace varias semanas. Se marcharon de la escena sólo cuando lo ordenó Calderón, que busca concentrar el voto de los panistas en torno de sólo dos o tres aspirantes, para poder inclinar la balanza hacia su preferido. Será, por cierto, una hazaña el que logre sacar avante a Ernesto Cordero, secretario de Hacienda. Hasta sería posible que éste también eligiera ausentarse del elenco, si la presión interna en el PAN, y aun en la casa presidencial, favorece a Alonso Lujambio, secretario de Educación. Uno de los dos, sin duda, tendrá que seguir los pasos de Lozano y Félix.
Javier Lozano se va en medio del ridículo. Llevado por el excesivo aprecio que tiene de sí mismo, llegó a calificarse de seguro ganador de la contienda interna panista. Era, según su propio dicho, el “mero mero”, el “gallo” que cantaría victoria. Se comparó con sus compañeros de partido como si nadie le llegara a los talones. Ensalzó su propia experiencia administrativa, la mayor entre las de sus compañeros. Dejaba de lado la explicación de que su trayectoria en el gobierno es más larga que la del resto de los aspirantes porque él participó en administraciones priístas. Hasta quiso paliar su militancia en el PRI sugiriendo que no había sido priísta sino sólo miembro de equipos gubernamentales de ese partido. Pretendía con eso que cayera en el olvido su única experiencia electoral: fue candidato a diputado federal en Puebla y perdió la curul en el mismo año en que Francisco Labastida fue derrotado en la elección presidencial.
Todavía después de ese suceso Lozano Alarcón —que había ejercido diversos cargos en el Gobierno Federal, hasta ser presidente de la Comisión Federal de Telecomunicaciones, subsecretario de ese ramo en la SCT y secretario de comunicación social en Gobernación, en las postrimerías del régimen autoritario— fue representante del gobierno de Melquiades Morales en la Ciudad de México. Era desde tiempo atrás un criptopanista, al menos desde que se graduó en la Escuela Libre de Derecho. Salió del clóset en la campaña de Calderón, cuyo amigo era y es, y se afilió al PAN ya secretario del Trabajo, en 2007, para los efectos que ahora han resultado fallidos.
En varios momentos había manifestado que de no ser él quien obtuviera la candidatura presidencial, apoyaría a Cordero, con quien se identifica más que con cualquier otro. En su declinación pública, la semana pasada, omitió ese nombre y anunció que apoyará a quien resulte candidato de su partido. Quizá la instrucción de Calderón que desinfló sus extravagantes aspiraciones incluyó la de no inclinarse expresamente por otro aspirante. La orden presidencial debió ser para Lozano un balde de agua fría, semejante al que arrojó sobre su ego la profesora de piano que lo disuadió de continuar la carrera de intérprete en que soñaba. No ha abandonado, sin embargo, su afición a la música.
También es conocido por ella Heriberto Félix, quien formó en su juventud un grupo y gusta de diversas expresiones musicales, incluida la batucada que por decisión suya o de un propagandista se convirtió en su santo y seña cuando fue candidato al gobierno de Sinaloa hace ya siete años. Con la retórica que seguramente aprendió cuando fue miembro del gobierno priísta de Juan S. Millán en Sinaloa, explicó a Madero que “prefiere seguir sirviendo a México, a sus familias más vulnerables, desde la Sedesol”.
Félix había sido incluido en la lista de los aspirantes del PAN a pesar de que no es siquiera miembro adherente de ese partido, que lo presentó como candidato a la gubernatura contra el priísta Jesús Aguilar en 2004, en contienda que estuvo a poco de ganar. También como candidato externo lo hizo llegar al año siguiente al Senado, en el cual permaneció únicamente tres meses, ya que en diciembre de 2006 pasó a ser subsecretario de la pequeña y mediana industria en Economía. De allí transitó hace año y medio a la Sedesol, cuando Cordero volvió a Hacienda como titular. Félix Guerra está casado con Lorena Clouthier, hija del Maquío, pero no por ello concitaba el apoyo de la familia. Tatiana Clouthier se marchó del PAN y su hermano mayor Manuel, diputado federal, forma parte del grupo que impulsa la candidatura de Santiago Creel.
Éste encabeza la quinteta de aspirantes en que restan aún Josefina Vázquez Mota, Cordero, Lujambio y Emilio González Márquez.
Cajón de sastre
Murió el abogado Salvador Rocha Díaz, que desplegó su intuición y su formación jurídica, y su perspicacia política en muchos campos, en algunos de los cuales su desempeño como litigante generó polémicas. Formado en la UNAM y en la UIA (amén de un posgrado en Estrasbursgo), fue profesor en aquellas instituciones y autor de meritorios trabajos profesionales. La política lo llevó a ser secretario de gobierno de Guanajuato, su estado natal, dos veces diputado federal, senador y ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Estableció el despacho Rocha y Hegewisch y luego el suyo propio, donde atendió a clientela muy variada y numerosa. Fue notorio su patrocinio, en años recientes a litigios del Grupo Salinas, especialmente en el ámbito de la telefonía celular, y también en el empeño de ese grupo por apoderarse del Canal 40.
miguelangel@granadoschapa.com
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