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viernes 1 de julio de 2011

Visita incómoda

Gregorio Sánchez Martínez
Juan Castro Palacios
Juicio Sumario
Columna

En días pasados el senador por Quintana Roo, José Luis Máximo García Zalvidea, anunció que a mediados del presente mes viajaría a Nayarit para visitar al ex presidente municipal de Benito Juárez y ahora preso en una cárcel de mediana seguridad, Gregorio Sánchez Martínez para saber cómo se encuentra y cuál es el trato que recibe a un año de su detención, anuncio que no merecería mayor comentario, excepto porque el legislador federal dijo que iría acompañado de su hermanito, Chacho.

Chacho, o mejor dicho Juan Ignacio García Zalvidea, veterinario de profesión, se convirtió en el 2002 en el primer alcalde de oposición que llegó a la presidencia municipal de Benito Juárez y será recordado siempre por el encontronazo que escenificó con el entonces gobernador priísta, Joaquín Hendricks Díaz. Sus arrebatos, su ira visceral contra el PRI, sus intentos por tener el control absoluto del municipio que gobernaba y su simpatía entre los más necesitados todavía se mantienen frescos en la memoria colectiva de esta ciudad y ni qué decir de sus "puntadas" y respingos.

El hermano menor del senador José Luis García Zalvidea tuvo que fajarse los pantalones en contra de la arremetida de un gobernador que traía la herencia del viejo sistema absolutista, sello distintivo también de Mario Villanueva Madrid, su antecesor que a su vez había copiado el molde de Margarito Ramírez, un ex ferrocarrilero que por obra y gracia de Álvaro Obregón incursionó en la política y llegó en 1944 a gobernar con mano dura lo que entonces era el vasto y olvidado Territorio Federal de Quintana Roo.

Juan Ignacio García Zalvidea
Hendricks, entre otros excesos y desaciertos, había también intentado a toda costa maniatar y controlar en 1999 a la entonces alcaldesa de Cancún, Magaly Achach de Ayuso, una líder de colonias que en el terreno de la práctica política resultó más hábil de lo que sus enemigos suponían. Esa lucha a veces abierta y otra simulada tras los abrazos institucionales y los cortes de listón oficiales, no fue, empero, tan cruenta como la que se libró en el segundo trienio del hendricksismo en contra de quien también creyeron sería fácil de doblegar, por su notoria inexperiencia política: el Chacho.

Pero el veterinario, ex panista y en ese momento verde ecologista alcalde de Cancún, les salió bastante respondón y contestatario. Su lema favorito era "si me haces una yo te hago dos" y con esa tónica incendió el municipio en un conflicto donde la razón y la sensatez de los gobernantes no existió nunca, con el beneplácito desde luego de algunos medios de comunicación, el estupor de una clase política incipiente y la mirada en general pasiva de una ciudadanía acostumbrada a la indiferencia y el rechazo al olor putrefacto de los políticos.

Ahora pocos recuerdan al Chacho, salvo por una demanda millonaria que le ganaron al ayuntamiento los abogados de un agiotista nada tonto que le prestó a éste cinco millones de pesos en los tiempos de compulsión política, a título personal que luego convirtió en una supuesta deuda institucional. Juan Ignacio García Zalvidea fue a la cárcel, primero por unos cuantos días tras el brote de una revuelta casera en la que el Congreso pretendió desconocerlo tras la renuncia de la mayoría de los miembros de su Cabildo y luego permanecería varios meses acusado de peculado y otros ilícitos.

En todo momento se dijo preso político y muchos creyeron en su inocencia. De no haber sido porque un buen día se volvió priísta tras salir de la cárcel sin reponer un quinto del supuesto desvío de recursos públicos que le habían endilgado, hoy el Chacho sería una especie de "Martín Valverde" de los perseguidos políticos.

Quizá el propio Gregorio Sánchez Martínez, en su periplo por la gubernatura del estado, habría encendido velas para suplicarle a "San Chachito de los Desamparados" que el sistema no lo fuera a alcanzar con toda su fuerza, peso e ira, como finalmente sucedió.

Ambos fueron candidatos a la gubernatura, el Chacho perdió en las urnas y Greg en el terreno judicial, pero ambos se identificaron siempre como víctimas del sistema político y quizá hasta habrían sido no sólo amigos, sino formidables aliados para derrotar a lo que ambos identificaban como "el enemigo", pero no fue así. Tras envolverse en los colores de la bandera nacional Juan Ignacio se convirtió en acérrimo opositor de la candidatura de Gregorio Sánchez primero a la alcaldía y luego a la gubernatura y no desperdició oportunidad para denostarlo pública e insistentemente con la clara intención de bajarlo del caballo, un desgastado ardid priísta.

De ser cierto entonces el casi inadvertido e intrascendente anuncio del senador José Luis García Zalvidea en el sentido de que visitará acompañado de su hermano y en su carácter de miembro de la Comisión de Derechos Humanos del Senado al ex candidato perredista a la gubernatura de nuestro estado, cabría preguntarnos el tipo y la duración del diálogo entre ambos personajes:

-Hola Greg.

-¡Qué pasó Chacho!

¿Cómo estás?

-¿No lo ves?

-¿Puedo hacer algo por ti ahora?

- ¡SÍ! ¡Regrésate por donde viniste! Y con ello el diálogo y la visita se darán por total y definitivamente concluidos. ¿O alguien imagina otro tipo de desenlace? Comentarios a castropalaciosjuan@hotmail.com

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